“Aún tenemos tiempo” fue la última frase que me decías en el sueño, aún teníamos tiempo de coger: yo estaba tumbada boca abajo en la cama y tú me estabas bajando los pantalones y los calzones (nunca uso pantalones en la realidad).
Desperté y lo primero que vi fue la luz roja intermitente del reloj que marcaba 0:41 y, aún a sabiendas de que me había ido a dormir después de la una, pensé: “aún tenemos tiempo” todavía era temprano y aún teníamos tiempo de dormir un rato más.
Todo esto pasó en un segundo o menos, en ese momento antes de despertarte del todo, donde las cosas no tienen que tener sentido; cuando me di cuenta de la imposibilidad de despertar antes de la hora en la que me fui a dormir, te pregunté:
¿Qué hora es?
Las 5:45 no sé por qué no sonó el despertador.
(aún no estabas lo suficientemente despierto para pensar en que se había ido la luz mientras dormíamos, pensé)
Es tarde, pero al menos llegaré al trabajo.
Y entonces se me ocurrió ––y te lo dije–– que era gracioso que lo último que había escuchado en sueños era que teníamos tiempo, y lo escuché en el momento en el que ya era tarde y ya no lo teníamos.
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